Por
elemental coherencia debo hacer una rectificación a mi artículo que a
continuación sigue. El autor, por fortuna, no es el escritor cubano Amir Valle,
sino otro autor, también cubano llamado Armando Valdés Zamora. Me alegra que el
autor del infundio no sea Amir Valle, un escritor a que respeto pese a no
compartir muchos puntos de vista fundamentales, como por ejemplo que diera
difusión al miserable escrito de Valdés Zamora y de manera tan destacada que
aparecía como suyo.
Mi
cultura de izquierda me exige hacer la rectificación.
La
importancia de llamarse Camila.
En
la redes sociales se habla mucho, para bien y para mal, sobre la elección de
Camila Vallejo como diputada. Sobre los otros tres nuevos diputados surgidos
del movimiento estudiantil chileno, Karla Cariola, Giorgio Jackson y Gabriel
Boriç , también, pero es en Camila Vallejo en quien se centran las más variadas
opiniones.
Una
de ellas es del escritor cubano Armando Valdés Zamora, publicada en el blog La
Balsa de la Musa, y titulada “La indignación selectiva de Camila Vallejo”. Parte
Valdés Zamora reconociendo que Camila es hermosa , argumento que, entre las
chilenas y chilenos de izquierda no tiene un gran peso pues hace tiempo que
dejamos que los atributos personales sean eso, una cuestión personal, algo más
bien íntimo entre el espejo y el o la que se mira. Tal vez por un asunto de
clima frío las chilenas y chilenos de izquierda somos más dados a medir otros
aspectos de las gentes y , en el caso de Camila lo que destaca es un aspecto
muy lejano a las portadas de Vanity Fair y se llama inteligencia.
Dice
Valdés Zamora que en Paris, “un día hasta casi me embulló de irla a escuchar en
un mitin con estudiantes franceses: pero no hay que exagerar. Ni siquiera la
belleza justificaba volver a oír el lenguaje de mis peores pesadillas cubanas”.
Aquí, confieso que me pierdo. Chico, ¿fuiste o no? Ese “casi” que tal vez pueda
entrar en una trama de ficción, convierte el texto en un prejuicio de autor, en
una anticipación que, cualquier
novelista sabe, termina por joder el texto.
Sigue
Valdés Zamora indicando que Camila, “ una especie chilena de libertad guiando al pueblo” , en alusión
al icono revolucionario francés, ya no es tan hermosa porque los años pasan y,
(y aquí sí que me empleo como lector diligente) porque es madre de una hija y
además tiene por pareja a un cubano comunista.
Que
Camila sea madre y tenga por pareja a un cubano es asunto que sólo le incumbe a
Camila, y más todavía su se trata de una chilena muy alejada de las
frivolidades y de la farándula tan cara a los cronistas del Caribe. Insisto en
que debe ser por causa del frío que las chilenas y chilenos de izquierda
sentimos un rechazo frontal hacia el chisme y, con frío o sin él, consideramos
que si un joven cubano, comunista o no, quiere vivir y estudiar en Chile, pues
bienvenido y que le vaya bien. Costó mucha sangre, mucho dolor, muchos muertos,
muchos desaparecidos, recuperar lenta y parcialmente, aunque no del todo,
algunos derechos elementales como el de la convivencia civilizada.
Según
Valdés Zamora, “¿Puede ser
casual (me pregunto intentando ser ingenuo) que este muchacho llegara a Chile
desde Cuba con 19 años, y se convirtiera en dirigente comunista y agitador
estudiantil y novio y formador privado de la líder comunista de las
manifestaciones que sacudieron al gobierno de derechas de Sebastián Piñera? Las
casualidades existen, claro. Pero el complot también…” Esto, si fuera
literatura, podría ser un genial delirio de novelista: Un complot del comunismo
internacional que manda un joven cubano, un cuadro político de primer orden, de
19 años, para que se infiltre en el movimiento estudiantil chileno, seduzca a
una inocente muchacha y la convierta en la líder de la insurrección de masas.
Mata Hari en versión chileno-caribeña, pero Valdés Zamora no está haciendo
ficción con su escrito, o tal vez sí, porque como todo novelista sabe, la
deformación de lo real presentado bajo la excusa de necesidad de la trama,
exime de responsabilidad al autor, y a mi, francamente, este truco no me gusta.
Es ficción indicar que
Camila Vallejo es diputada “nada más y nada menos que por una municipalidad
llamada Florida”. Ese “nada más y nada menos” lleva al lector a pensar que La
Florida, es una comuna de Santiago con un parecido abismante con Miami Beach,
con un sky line que impide ver el sol, con acaudalados chilenos que aparcan sus
coches de lujo en una Lincoln Road atiborrada de tiendas de lujo y cubanos –no
comunistas- atendiendo muy serviles en las terrazas.
Ante semejante ficción me
quito el sombrero, pero, me atrevo a indicar con conocimiento de causa que La
Florida es una comuna popular del gran Santiago y con vecinos muy cabreados con
el servicio de Metro insuficiente, con la mega estupidez de partirles la comuna
con una autopista de peaje, y otras varias razones de bronca social. Una diputada
por La Florida no es ni se merece el trato de “burguesa airada”, que Valdés
Zamora le dedica llevado por el
frenesí de la ficción. Camila Vallejo es diputada por una comuna de
trabajadores y de estudiantes, de amas de casa y de ancianos que sobreviven con
pensiones miserables. Es una diputada del pueblo, en el mejor sentido del
término.
Además, Valdés Zamora se
permite sugerir a Camila una serie de lecturas que, a mi en tanto lector y
escritor, me resultan tan decepcionantes como poco recomendables. “Persona non
Grata”, el libelo de Jorge Edwards es un volumen de chismes escrito por un
señor al que nombraron embajador chileno en Cuba por error, de la misma manera
como el gobierno de Sebastián Piñera lo nombró embajador en Francia en una
suerte de premio por haber sido uno de los dos únicos escritores que apoyaron
su candidatura. La otra recomendación de lectura que hace Valdés Zamora a
Camila es “Mea Cuba” de Guillermo Cabrera Infante, y aquí se mete en camisas de
once varas al preguntarle si conoce los motivos que llevaron al suicidio a
Beatriz Allende, hija del Presidente Salvador Allende.
Con mucho conocimiento de
causa, porque Beatriz Allende, mi siempre querida Tati, se quitó la vida por
una serie de motivos que sólo le incumben a ella, puedo asegurar que ninguno está mencionado entre las
infamias de Cabrera Infante, por desconocimiento, por cobardía, por falta
elemental de humanidad y de respeto hacia una mujer coherente y consecuente
como Beatriz Allende.
Todo lo
citado anteriormente podría quedar en el plano de la anécdota, en la
discrepancia de un autor que no está de acuerdo con lo que ha escrito otro,
pero cuando Valdés Zamora se refiere al suicidio de Beatriz Allende y medio
citando a Cabrera Infante escribe : “A Beatriz los servicios secretos cubanos
le mandaron de novio y esposo a un agente. Al caer Allende, y ya de regreso a
Cuba, es decir al infierno, el esposo cubano dio por terminada su misión y su
relación: Beatriz terminó disparándose un tiro en la cabeza, debe andar ahora,
esta desdichada Beatriz chilena, acosada por harpías en el séptimo círculo, el
que destinara Dante a los suicidas”, entonces las cosas cambian y de la
discrepancia paso al vehemente: Chico, citar mal a un come mierda, por muy
premio Cervantes que sea, te iguala y te empeora.
Y cuando medio concluye con
una afirmación como esta: “Quizás sea cruel esta recomendación de lecturas. O
injustas. Pero la bella Camila podría despertar de su inocencia con la
explicación de las casualidades en su propia cama”, entonces, la canallada, la
mala fe, la pésima intención, me huele inconfundiblemente a gusanera.
Adelante, Camila, hay mucho
por hacer en Chile.
Luis Sepúlveda.