Las
elecciones Europeas y el yogur caducado.
La campaña
de estas elecciones europeas se notaba tan aburrida como cualquier discurso del
luxemburgués Jean Claude Juncker explicando que él es conservador pero no
tanto, hasta que la caducidad del yogurt irrumpió y remeció la placidez de los
candidatos.
La fecha de
caducidad de un yogurt es inexacta, y la única manera de saber con certeza si
un yogurt ha caducado es probándolo. Si sabe a rancio es que ha caducado.
Comer un
yogurt rancio tiene efectos colaterales curiosos, sobre todo si quien lo
ingiere es del sexo masculino. Algo ocurre durante y luego de la ingesta, y ese
algo que debería ser de interés para los biólogos, hace que un hombre mire a la
otra mitad de la humanidad, a las mujeres, desde una posición que, como tan
bien ha definido la poetisa gallega Ana Romaní, busca el destierro de la bruja,
la soledad de la princesa y la derrota de la amazona. Nada más.
Pero como a
la bruja se le teme y ya no es tan fácil enviarla a la hoguera, el hábito de
comer yogurt rancio aconseja actitudes rancias, como reconocer que el debate
con la bruja es complicado porque mostrar todas las armas de la evidente
superioridad del hombre rancio puede llevar a malentendidos.
Desde el
punto de vista sugerido por el yogurt rancio, la soledad de la princesa obliga
a percibirla como a una mujer indefensa a la que necesariamente hay que
proteger, incluso contra su voluntad, y como tan bien señalara otra gallega
ilustre, Emilia Pardo Bazán: el discurso protector del hombre es un muro
levantado a su imagen y semejanza.
Pero cuando
la bruja hace acopio de sus artes y las transforma en conocimiento, y la
princesa rompe el muro de su soledad y sale del encierro, entonces la bruja y
la princesa se convierten en amazonas, en mujeres capaces de decidir y de
pensar. Y aquí sí que nace un problema serio para el que ingiere yogurt rancio.
Hay que destruirlas. Es la única solución.
Y en la
búsqueda de una manera eficaz para destruir a las amazonas, un devorador de
yogurt rancio del siglo XVI llamado Lope de Aguirre, sin haber visto nunca una
amazona, aconsejaba cortarles la lengua antes del degüello.
Curiosamente,
el devorador de yogurt rancio contemporáneo suele reconocer públicamente su
incapacidad para enfrentar a la bruja, la princesa y la amazona. En su defensa
arguye que, en caso de discutir con un igual –genéricamente hablando- nada les
inhibe a soltar todas las barbaridades.
Esto nos
permite concluir que ni la bruja, ni la princesa, ni la amazona basan su
discurso en soltar barbaridades.
La
organización mundial de la Salud, sobre todo en tiempo de elecciones europeas,
debería desaconsejar la ingesta de yogures caducados, irremediablemente
rancios.

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