martes, 20 de mayo de 2014



Las elecciones Europeas y el yogur caducado.

La campaña de estas elecciones europeas se notaba tan aburrida como cualquier discurso del luxemburgués Jean Claude Juncker explicando que él es conservador pero no tanto, hasta que la caducidad del yogurt irrumpió y remeció la placidez de los candidatos.

La fecha de caducidad de un yogurt es inexacta, y la única manera de saber con certeza si un yogurt ha caducado es probándolo. Si sabe a rancio es que ha caducado.

Comer un yogurt rancio tiene efectos colaterales curiosos, sobre todo si quien lo ingiere es del sexo masculino. Algo ocurre durante y luego de la ingesta, y ese algo que debería ser de interés para los biólogos, hace que un hombre mire a la otra mitad de la humanidad, a las mujeres, desde una posición que, como tan bien ha definido la poetisa gallega Ana Romaní, busca el destierro de la bruja, la soledad de la princesa y la derrota de la amazona. Nada más.

Pero como a la bruja se le teme y ya no es tan fácil enviarla a la hoguera, el hábito de comer yogurt rancio aconseja actitudes rancias, como reconocer que el debate con la bruja es complicado porque mostrar todas las armas de la evidente superioridad del hombre rancio puede llevar a malentendidos.

Desde el punto de vista sugerido por el yogurt rancio, la soledad de la princesa obliga a percibirla como a una mujer indefensa a la que necesariamente hay que proteger, incluso contra su voluntad, y como tan bien señalara otra gallega ilustre, Emilia Pardo Bazán: el discurso protector del hombre es un muro levantado a su imagen y semejanza.

Pero cuando la bruja hace acopio de sus artes y las transforma en conocimiento, y la princesa rompe el muro de su soledad y sale del encierro, entonces la bruja y la princesa se convierten en amazonas, en mujeres capaces de decidir y de pensar. Y aquí sí que nace un problema serio para el que ingiere yogurt rancio. Hay que destruirlas. Es la única solución.
Y en la búsqueda de una manera eficaz para destruir a las amazonas, un devorador de yogurt rancio del siglo XVI llamado Lope de Aguirre, sin haber visto nunca una amazona, aconsejaba cortarles la lengua antes del degüello.

Curiosamente, el devorador de yogurt rancio contemporáneo suele reconocer públicamente su incapacidad para enfrentar a la bruja, la princesa y la amazona. En su defensa arguye que, en caso de discutir con un igual –genéricamente hablando- nada les inhibe a soltar todas las barbaridades.

Esto nos permite concluir que ni la bruja, ni la princesa, ni la amazona basan su discurso en soltar barbaridades.

La organización mundial de la Salud, sobre todo en tiempo de elecciones europeas, debería desaconsejar la ingesta de yogures caducados, irremediablemente rancios.


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