Vis
cómica….
A veces
empieza el día y cuesta decidir dónde poner la mirada. A regañadientes porque
es inevitable miro al señor Ministro de Hacienda y me pregunto si el señor
Montoro de verdad se cree poseedor de una irresistible vis cómica.
Vis cómica.
Los que tuvimos la suerte de leer las bandas de Astérix el galo nos
familiarizamos con un montón de términos del latín, uno de ellos es esa vis
cómica, que alude a la fuerza o talento para hacer reír a los demás.
Uno de los
secretos para hacer reír que recomendaba Fernando Fernán Gómez era no reír uno
antes que los demás, y más aún, el gran actor recomendaba permanecer impávido
luego de decir algo risible, cómico, en un gesto de no entender de qué ríen los
demás.
El señor
Montoro no sigue los consejos de Fernán Gómez y suele reír en medio del chiste
o antes de terminarlo ,y eso, o confunde, o quita las ganas de seguir oyendo el
chiste. Pero y para ser justo, hay que reconocer que a veces lo consigue y hace
gala de una vis cómica envidiable.
Sucedió con
el chiste que dice” en España los salarios no se han reducido. En España los
salarios sufren un crecimiento moderado”. El señor Montoro lo dijo sin mover un
músculo facial y las risas que arrancó en los escaños de la oposición, e
incluso en su propio bando, fueron un éxito digno del club de la comedia. En la
calle, no tanto. Hubo risas, sí, pero acompañadas de muecas de cabreo.
Cuando el
señor Montoro trató de hacer un chiste con las posibles, hipotéticas, no
demostradas deudas con hacienda de los actores, lo arruinó con sus jijís y
jejés, y la conclusión a la que llegó el respetable público es que había
olvidado el final, asunto fatal para alguien que se precie de tener vis cómica.
Recientemente,
el señor Montoro intentó una variante del mismo chiste, truco que solamente le
ha resultado a Chiquito de la Calzada, poniendo esta vez a periodistas y medios
de comunicación como protagonistas y una vez más arruinó el chiste. La idea en
sí no era mala: “no puedo decir que eres feo, flaco, gordo, pillo, casposo y de
mal aliento, pero si un día yo hablara”. Pero una vez más el exceso de
confianza en su vis cómica, los jijís y los jejés a destiempo nos privaron de
apreciar el chiste en todo su esplendor.
Es evidente
que algo falta en la vis cómica del señor Montoro. De que la tiene, no hay duda,
pero tal vez no estaría mal una ayuda suplementaria, por ejemplo que, mientras
el señor Montoro nos alegra con su último chiste, don Carlos Floriano haga el
papel de intérprete para sordomudos, con el mismo talento y desplante del
impostor que vimos haciendo de intérprete en el funeral de Nélson Mandela.
Ahí sí que
reiríamos, aunque como las hienas, que nadie sabe de qué demonios ríen. Pero
reiríamos, y algo es algo, aunque la risa nos pese, algo es algo.
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