viernes, 21 de marzo de 2014



España o la conjura infinita

España da la impresión de ser un país de conjuras permanentes y, buscando la razones de tanto frenesí conjurado, creo que vale la pena advertir acerca de ciertos materiales usados en las remodelaciones de los edificios gubernamentales.
Tal vez se deba investigar una conjura de los albañiles que emplean escayola mezclada con sustancias sicotrópicas  en  la decoración de los hemiciclos, pues de otra manera no se pueden entender las palabras del presidente de la comunidad de Madrid don Ignacio González, que ha comparado a los integrantes de las marchas de la dignidad que llegarán a la capital el próximo 22 de marzo, con los nazis del movimiento griego Amanecer Dorado.
Y es muy posible que en esta conjura estén también los técnicos de sonido de la comunidad de Madrid, porque basta con leve toquecito a los micrófonos para que las sustancias del delirio inunden el torrente sanguíneo del presidente madrileño, y empiece a ver comportamientos paralelos entre los que defienden a los afectados por la voracidad implacable de los banqueros y los que en la nación helénica propugnan el odio al extranjero como solución a la crisis, entre los que defienden el legítimo derecho a una educación pública de calidad y los que esgrimen la cachiporra como único argumento pedagógico en el parlamento ateniense, entre los que vestidos de blanco defienden el inalienable derecho a una sanidad pública sin restricciones de clase, y los que sugieren el exterminio de los pobres, de los minusválidos y de los racialmente diferentes como única garantía de salubridad nacional.
Alguien debería investigar y determinar con qué sustancias los responsables de esta conjura impregnan los decorados, micrófonos y obras de ebanistería, sustancias de efectos terribles que impiden al presidente madrileño ver las diferencias éticas entre los que resisten al desmantelamiento de derechos  y los patanes delirantes de Amanecer Dorado.
Que alguien mencione “ la parte española del Ebro” regulada en el último plan hidrográfico, puede ser un despiste que hace dudar a los geógrafos, de la misma manera, que otra persona sostenga que “tal vez fue un error disparar pelotas de goma” a los desesperados inmigrantes que se ahogaban en las aguas de Tarajal , puede ser un coctel de cinismo y metedura de pata, pero que el presidente de la comunidad de Madrid confunda la defensa de derechos con la apología de una violencia insensata y criminal, sólo puede entenderse como fruto de una confusión , de una distorsión de la realidad más cercana a los efectos del peyote o la yahuasca que  a un simple análisis equivocado. Y como no dudo de la coherencia del presidente madrileño, denuncio pues esta conjura peligrosísima que lleva a nuestros líderes a confundir el culo con las témporas.
No es mi intención sembrar el pánico, pero cuando alguien sostiene, por ejemplo; “que lo moderno es la integridad territorial, como en Crimea” qué duda puede caber. Estamos ante una de las conjuras más siniestras, y confío en que los organismos de seguridad tomen cartas en el asunto, y si no, que entonces el diablo nos pille confesados por el resto de la legislatura. 


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